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Se colocará una «baldosa recordatoria» en el Instituto América en memoria del ex alumno José María Martín

El Espacio de Derechos Humanos de Rivadavia comenzó con sus eventos de conmemoración  por el 40° aniversario del último Golpe de Estado en Argentina. El jueves se llevó adelante la jornada de construcción de la baldosa por la memoria de José María Martín, estudiante del Instituto América, desaparecido durante la dictadura militar mientras cursaba en la ciudad de La Plata.

De esta jornada participaron estudiantes del Instituto América y de la Escuela Técnica N°1, compañeros de curso de José María, concejales del Frente Renovador, vecinos y amigos. Coordinados por dos representantes de la ex Esma y por el Espacio de DDHH de Rivadavia. El Acto de colocación de la baldosa se realizará este miércoles 23 de marzo a las 14 horas en el Instituto América. Será un hecho histórico ya que se convertirá en la primera marca de Memoria en el distrito de Rivadavia.

Escrito elaborado por Damián Hernéndez para recordarlo: «José María, es curioso, pero se repite, cuando queremos reconstruir las hilachas de lo que queda de un hombre después de su desaparición forzada, la mayoría buscamos algún indicio de superhombre, de heroísmo, de excentricidad, entiendo que buscamos un por qué, por qué a él y no a otro le tocó engrosar la lista negra de los merecedores de ser desaparecidos.
José María, o El Rubio, o El jeta, era un pibe común, la madre dice “Trajo a un amigo y me dijo mamita dale un par de mis zapatillas, para que quiero yo dos pares”, un amigo: “Tenía dotes de líder”….pero no, era uno más, como dice Bunbury no era mala hierba, solo hierba en mal lugar. En La Plata, en Derecho, en los ’70, en la JUP, más que suficiente.
Iba a mi casa, a nuestro rancho a orillas de las vías sobre el camino a Tejedor a jugar, a la pelota, de trapo, hacía “la bandera” agarrado a un caño –por más que lo intenté no me salió nunca-, jugaba en los Once, desde chico, era flaco, ligero, andaba en bicicleta mirando para atrás, nunca dejaba de sonreír, quizá nos parecía que sonreía por esa jeta que le llegaba de oreja a oreja, como el Felipe de Mafalda. Salíamos a cazar liebres, él Fabián, yo, y los perros. Un tipo común. Con seguridad la vida le fue marcando algún rumbo, algún pensamiento crítico hacia esa miseria en la que tanto él como nosotros vivíamos.
Lo perdí de vista en su secundaria, no tengo recuerdos, nosotros no sabíamos que existía una Escuela secundaria. Se ahora que estudió en el Instituto América, veo las fotografías en blanco y negro, y algún boletín, estudiante maleta, nada espectacular.
Retomamos la fluidez de comunicación cuando se fue a La Plata, traía los últimos cantitos, las consignas, el papelito. Alguna vez fui a su casa allá, un conventillo por el que paso algunas veces, han cortado las dos puertas al frente y hay una viga que sostiene un portón, cerquita de 7, cerquita de la Shell. “yo lo tengo todo pensado, si quieren entrar me escapo por los techos, ¿Querés ver? Vamos, puedo llegar a la otra esquina” Lo agarraron un Domingo si mal no recuerdo, comprando facturas para el mate. “tenía 21 años, o tiene 21 años” me dice Nelly, su madre. Tiene, pelotudos los milicos, eternamente joven en nuestra memoria, nunca va a ser un viejo con la próstata a la miseria. Que se jodan».
Tu amigo, Comanche.